domingo, abril 10, 2005

Azul Azulejo.

La incomodidad del color “Azul” en un “Azulejo” es más que irritante.
Literalmente hablando, la redundancia es ya una mentada de madre, (me caen gordas las redundancias).

La luz que entraba por la única ventana del baño, y se reflejaba en el lavamanos lleno de agua, daba la impresión de estar sumergido en una especie de alberca, nada mas faltaba sentir la presión por estar 2 metros abajo, pero con mi dolor de cabeza me fue suficiente.

Decidí entonces relajarme un rato, meditar, hacer un silencio.
Viajaba entonces por la playa, el ruido de olas menudas era ecuánime a ponerme una caracola en la oreja.
El calor de la arena abrazaba la palma de mis pies, sentí la necesidad de caminar un poco más por la orilla, justo donde las olas espasmaban y tan solo dejaban los gritos de su orgasmo.
Me sentí fresco, la brisa helada contrarrestaba el dolor que como flechas diminutas acertaba el arquero Sol. Todo se volvió un poco más azul.
Cerré los ojos, abrí las manos, caminando a obscuras por la orilla del mar un piquete en mi pie me hizo abrirlos. Una abeja moribunda alcanzo a encajarme su aguijón mientras la pisaba. No podía darme explicaciones, la mate inconscientemente.
Caminando por una fina línea media, entre mar y arena, sentí un sudor frió, al mismo tiempo que el arquero me atacaba y una brisa por ráfagas me abrazaba.
Sentí mis huesos frágiles, mi visión del mundo se hacia por bamboleos, de izquierda a derecha como el compás de un reloj viejo.
Caí, y mis rodillas se enterraron en la arena lodosa, quede “a gatas” totalmente, el sudor derramándose por mi rostro me hizo parpadear, y fue en ese instante que una puerta de madera apareció ante mi, abrí mas los ojos y desapareció.
Golpee de impotencia la mar, y las saladas gotas que botaron entraron a mis ojos, irritándolos, los limpie y al abrirlos parpadee de nuevo y me encontré mas cerca de la puerta.
Parpadee y la puerta era visible. Entonces, como si fuera un loco, voluntariamente hice parpadear mis ojos y así llegue a la puerta, gire la perilla y se abrió, mostrando que del otro lado estaba el mismo lugar, con la diferencia de un espejo que levitaba.
Me puse en pie y me acerque al espejo, y ahí estaba yo en el. Decide abrirlo, pues es de esos espejos que son como cajitas para guardar la pasta y el cepillo, lo abrí y todo estaba allí, eran sin duda el espejo del baño. Lo cerré y de pronto el fondo cambio, el ruido ceso.

Estaba de regreso al baño… al “Azul Azulejo”.

2 Comments:

Anonymous Essex! said...

ahhh, la playita... sol, mar, arena, ... y cheve para todos!!!

12:27 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

best regards, nice info » » »

12:09 a. m.  

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