martes, marzo 29, 2005

Mariposa Negra

Era su belleza tan grande que muchos osaban compararla con la angelical cara de una divinidad celeste. Su piel blanca, su cabello lacio, largo y negro, sus ojos de rasgos semi-orientales, sus cejas de niña que hacían juego con sus labios, y esa interminable sonrisa, hacían de ella una estrella inalcanzable, o al menos mi condición social y mi timidez me lo hacían ver así siempre que la contemplaba.
Como un fantasma siempre aparecía en los eventos a los que mis ácidos gustos me llevaban. Conciertos de rock de bandas locales, exposiciones de pinturas, exposiciones de revistas, en todas siempre estaba ella. (Quizás el fantasma era yo, a fin de cuentas, todo depende con que vaso se mida). Solo mis ojos eran bendecidos con la gracia de verla, mis demás sentidos tenían que resignarse a nada.
Fue en un concierto de la Filarmónica Vieneza donde hicimos un contacto forzado. Lo abarrotado de las localidades fue un detonante para nuestro acercamiento. Para mi suerte esa noche, dos asientos nos separaban. Dos asientos, mi timidez y esa hermosa sonrisa.
No haber cruzado palabra esa noche hubiera resultado una grosería.
En los tiempos en que la Filarmónica descansaba, conversamos de las trivialidades del evento, de cómo la gente cree que solo los caciques del pueblo eran dignos de escuchar música tan refinada.
Al terminar el concierto seguimos platicando... de nuestros pasados, nuestras historias, nuestros corazones rotos. Yo estaba enamorado y ella me consideraba su amigo.
Nos estuvimos frecuentando con más intensidad, deje de verla como esa estrella inalcanzable y la convertí en mi diosa personal.
Las pláticas, la convivencia cotidiana y tantas cosas en común nos hicieron en poco tiempo más que amigos, mis sentidos se encontraban más que agradecidos.
Siempre tenia la costumbre de decirme que cerrara los ojos cuando la besara y que por favor no los abriera. Ante diminuto requisito no podía yo quejarme, la recompensa era grandiosa.
Recuerdo la ultima vez que nos vimos, fue en una noche lluviosa, con relámpagos por candelas, que después de tanto tiempo y solo por curiosidad, me decidí a abrir los ojos.
Me miraba asustada con sus ojos negros como la noche, no comprendia por que la severidad de esa mirada, pero de su espalda, un revoloteo intenso y negro hizo que de un salto me alejara de sus brazos.
Un relámpago me puso la realidad en mis ojos… las alas de una gran mariposa negra se movían en su espalda.
Ella con sus ojos tristes intentaba hacer que regresara a sus brazos.
Por primera vez la vi llorar.
Desgraciadamente mi realidad me congelo ante el cuadro que estaba contemplando. En la oscuridad solo le escuche unos llantos ahogados, solo alcanzaron a decirme… “Por esto te decía que cerraras los ojos”… en la oscuridad y un rapido parpadeo, solo sentí como una ráfaga de aire paso enfrente de mi cara.
Por eso en la primaveras, la esperanza de tu regreso revolotea en mi corazon, esperando que entre las mariposas monarcas, alguna mariposa negra decida regresar.

2 Comments:

Anonymous Saruman said...

¡¡¡ Que buen relato !!!
Se me encuero el chino.

3:26 p. m.  
Blogger kawito said...

a mi se me enchino el cuero jeje.
ehm..que chido amigo, y que bueno que esta de regreso, lo extrañe je

11:20 a. m.  

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