Climas Insoladores (El Harmatan)
El aire caliente que transita por el Sudan absorbe (literalmente) la clorofila de la vegetación creando de manera casi “instantánea” hectáreas de matorrales secos, sin color. Esto hace que algunos aborígenes rindan tributo a El Harmatan (1) quemando grandes hectáreas. La ceniza al mezclarse con el polvo crea una espesa niebla que dura meses, haciendo que el sol se torne rojizo en esas áreas. Un paisaje sin duda hermoso.
La gente de por esos lugares es común que se enferme de gripa y que se insole en demasía, casi de manera diaria.
Pero no todo es malo, es El Harmatan el sustentador de la economía del Sudan, pues esta corriente de aire tan cambiante hace que los árboles se erosionen y agrieten, haciendo salir la Goma Arábiga (2).
Fue en esta región, donde hace 3 años un reconocido fotógrafo francés del National Geographic hizo un recorrido por las zonas secas del Sudan, tomando un sin numero de fotos. El calor era en extremo seco, de tal manera que la garganta y los labios siempre estaban secos, agrietados, con un molesto aire caliente lleno de polvo y cenizas, que hacían difícil (o imposible) el poder ingerir agua sin tierra.
La tarde empezaba a caer y fue un árbol desolado el que cautivo y alegro al francés, pues las llamas generadas por los nativos no lo habían alcanzado, entre las cenizas había quedado esa retadora vegetación.
Algunas ramas del árbol aun se mantenían verdes, y del otro lado aun se hallaban largos matorrales secos que no habían sido quemados, y muy atrás, un gran sol rojo atardeciendo en la obscura niebla.
Para poder tener un mejor ángulo, se abrió paso entre unos matorrales, corriendo rápidamente para ver si la vista era provechosa o necesitaba cambiarse de lugar.
Sin dejar de perderle la vista al árbol y corriendo habidamente hacia delante, brincando de cuando en cuando.
El frenesí y la alegría cambio por un silencio sepulcral. Dejaron hasta de respirar para poder escuchar movimientos entre la hierba, pero empezó a soplar un aire tan fuerte y polvoriento, que el ruido era bastante escandaloso.
La única salida era el árbol, llegar a el, ya que la ceniza que había en el trayecto aun debería de estar caliente, y fuese el animal que fuese, es posible que el calor del suelo no lo dejaría pasar.
Intercambiando unas desesperantes y aterrorizadas miradas, acordaron correr a la de 3.
Lo hubieran hecho si el traductor, que solo alcanzo a levantar su mano señalando un 3, no hubiera sido embestido por la pantera negra que salio de entre los matorrales.
Corrieron todos. Los nativos, (que no habían alcanzado a oír el plan por las barreras del idioma) corrieron en dirección contraria al Francés, el cual se dirigió como alma que lleva el diablo hacia el árbol, con los ojos casi cerrados, rezando un padre nuestro mientras corría sin parar.
Grande era su convicción de seguir corriendo, que los gritos de los nativos no lo hicieron voltear en ningún momento.
Jadeando, trato de reincorporarse mientras volteaba hacia la zona de maleza que había dejado.
El aire había dejado de soplar ya...
Tan solo escucho la variación de su ritmo cardiaco al ver que, de la maleza salía una pantera negra, con el pelaje lleno de sangre.
Este, asustado y sabiendo que la ceniza pronto se enfriaría, subió al árbol rapidamente.
A esa altura, el vapor de la hierba que había sido quemada, aunado al cansancio, el stress, la desesperación, las ganas de llorar y la falta de agua, hacían jadear al Francés como loco.
Ahora la pantera negra caminaba lentamente entre la ceniza que ya no estaba caliente.
Los jadeos del Francés eran tales que bien podrían haber movido una locomotora.
Entre sus desesperantes jadeos sintió escucharse como un eco, al mismo tiempo que sentia una corriente de aire en su nuca.
Cuando volteo, tenia de frente la cara de una pantera negra que había encontrado refugio de la quema de la maleza en ese árbol.
